miércoles, noviembre 21, 2007

Reflexiones sobre el deporte

Yo no voy a hablarte directamente del deporte. Sí que lo haré de futbol, el deporte que realmente más me ha gustado desde niño. También te hablaré de cine, de aficiones, y de la vida. Entre nosotros, un puñetero peñazo. El tema es peliagudo y muy probablemente me extienda más de lo habitual. Aún estás a tiempo de dejar de leer y volver otro dia, si quieres. En realidad esta es una carta íntima para el que me lleva leyendo un tiempo y ha encontrado esa complicidad del que sabe leer entre líneas, entiende el humor descarnado de un castellano madridista, y acepta ese afán provocador y ese enfoque distinto que busco en cada uno de mis posts.
El caso es que mi deporte siempre ha sido el futbol. Empecé a jugar desde muy niño y durante mucho tiempo me lo tome como un simple hobby. Competía, pero siempre luché contra mí mismo. Ahora, ya en la veintena, sigo entrenando 3 o 4 días a la semana. Vivo en el barrio de Aluche, así que esas salidas solitarias en plano invierno por la tarde ya de noche para hacer unos kilometros de carrera continua tienen nombres y apellidos como el Parque Arias Navarro, el Parque de la Cuña Verde y el Parque que hay detrás de la casa de mi abuelo que sinceramente ahora mismo no se muy bien como se llama. El mismo día antes de cada salida a entrenar siento una pereza terrible; desde siempre. Y me pregunto por qué no vivo en Holanda o por qué en estos parques no hay puñetero llano. Y me cuesta. Porque hacer deporte cuesta. Porque duele. Y hay que sobreponerse. Ésa es la diferencia frente al esfuerzo de levantarse cada día para ir a trabajar, a la facultad o el de sentarse cada tarde delante de un libro para una sesión de estudio. Todas son actividades que cuestan y exigen un gran espíritu de sacrificio diario. Pero el deporte duele.
Por eso siempre he pensado que la mayor virtud del deportista es el desarrollo de un espíritu de sacrificio sobre una actividad que no sólo cuesta, sino que además provoca dolor. Sobreponerse a eso no sólo te hace mejor atleta, también te permite ser mejor persona. Te prepara para aplicar ese espíritu de sacrificio en esas otras actividades no tan dolorosas de la vida pero sí mucho más desagradables, o poco atractivas, y que por eso tal vez cuesten más.
Los deportes de equipo tienen otros componentes de camaradería, compañerismo, etc… Pero en el fondo el deportista sigue manteniendo una lucha contra sí mismo y contra sus límites.
Siempre admiraré a cualquier deportista de cualquier deporte. Sea buena o mala persona, demuestra cada día un espíritu de sacrificio superior a la media.
Pero, ¡Ay amigo! También está el deporte profesional. Ahí el objetivo cambia radicalmente y no está en la superación personal. El objetivo es llegar a fin de mes no sólo durante los años que dura esa actividad profesional, sino hasta el final de la vida. Y como la trayectoria de un deportista no se alarga mucho más de una decena años, el problema se vuelve peliagudo. El partido del sabado o el domingo que para un aficionado es un reto personal se convierte en un escollo profesional para el que se gana la vida realizando este deporte. Y por supuesto que ese profesional está dispuesto a hacer todo lo necesario para salvar ese escollo. Cuando cambian los objetivos cambian los medios, cambia la ética, se acaba el universo idealizado y llega la vida real.
Desde muy niño admiré a los futbolistas épicos, aquellos que habían logrado grandes metas en las situaciones más adversas. Sus fotografía jugando finales de la copa de europa, o partidos de la maxima rivalidad, con la cabeza vendada, hombros dislocados, en campos embarrados, tardes de tormentas memorable han quedado para los anales de la historia del futbol.
No tengo ninguna prueba, y hablo con el estómago, pero mi fuero interno me dice que en el profesionalismo de hoy en dia los deportistas han usado fármacos para sobreponerse al dolor, para tener más fuerzas y, en el fondo, para llegar a fin de mes. Jugar un partido es duro. Entrenar en condiciones atmosféricas duras, al dia siguiente y jugar en dos dias es un infierno. Seguir este ritmo durante 9 meses puede ser dolor extremo. Sé de qué os hablo. A veces, las más pocas he entrenado llorando y maldiciendo mientras suspiraba por una inhalación de Ventolín que me abriera los pulmones y mitigara un poco el sufrimiento.
Creo que muchos aficionados al futbol tienen idealizado éste deporte (yo por ejemplo) como si de una película se tratara. Todos hemos escuchado o leído en algún foro la típica frase “por esto me gusta tanto este deporte” dicha por alguien después de ver películas como “Evasión o victoria”. Pero esa película está contando mi historia, la del jugador que entrena entre semana y juega los sabados por afición, por afán de superación, por diversión, por motivos nobles y sin esperar nada a cambio. Algunos no se creen ese futbol más allá del campo en el que juegan juveniles, o seniors amateurs. El deporte profesional que algunos se creen, se parece más al de “Un Domingo Cualquiera”(mítica pelicula de football americano, protagonizada por Al Pacino): jornaleros del ovoide que llegan en sus limusinas a entrenar, con poca o muy poca relación personal con sus compañeros, camaradería publicitaria o interesada, y que juegan con el mismo espíritu con el que cada día tú y yo llegamos al trabajo o a la facultad. Con el miedo del que mantiene a una familia, que como tú y yo, se divierten lo justo y que no encuentran demasiado edificante el duro trabajo diario. Personas que hacen lo necesario para aguantar un golpe más, que quieren jugar para comer aunque la próxima lesión pueda ser la última y que buscan golpear abajo para sacar del partido a ese tipo que les está dejando en mal lugar, que está provocando que al día siguiente todos los periódicos le critiquen y que, en el fondo, está jugando con el pan de sus hijos.
Y en ese punto se terminan el romanticismo en el deporte, las normas no escritas y el espíritu noble del futbol amateur. Ahí entra el mundo real en el que los contratos no se respetan, la edad no perdona y los golpes, a pesar de las corazas, dejan grandes cardenales y se dan buscando hacer daño (y mucho cuidado con los maledicientes y los que sacan de contexto, que no digo buscando lesionar) y pensando sólo en la supervivencia.
Perdóname. Si todo lo que te estoy contando te suena a chino eres un ingenuo o un niño.
Porque no me gusta hablar de lo bonito que debería ser sino de lo descarnado que puede llegar a ser. Y porque asumo que escribo en español y para españoles. Porque sé mucho menos de futbol que algunos supuestos gurus que andan por ahi hablando en televisión del romanticismo, pero creo que puedo ser capaz de haceros pensar en cosas más allá del resultado de un partido. Porque para analizar el juego de un equipo ya están otros. Porque para mí es un orgullo ver que la mayoría me dice tras leerme que no está de acuerdo con nada de lo que escribo, e incluso se ofende porque discrepa. Si te hago pensar, refuerzo tu propia opinión y no te dejo indiferente, he conseguido mi objetivo.

2 comentarios:

Víctor Pajares dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Víctor Pajares dijo...

Mario a quemarropa, jajaja. En serio, más allá de que te hayas flipado más o menos, o mejor dicho, bastante (y de que falte alguna tilde), he visto un estilo muy serio Mariete. Me he leído tu entrada del tirón, y eso no me pasa con muchos artículos de periódicos, de los que se pagan ¡eh! Veo que hace la tira que dejaste el blog. Si lees este comentario, sigue escribiendo, veo algo interesante. Además, eres capaz de enfatizar sin abusar de los adjetivos y expresas las ideas sin casi subordinación; no tienes los típicos fallos de universitarios y culturetas (servidor incluido). Se nota que vives el fútbol y aprecias el buen columnismo. Me gusta, en serio. Así que, si te apetece mantener una lucha contigo mismo que merezca la pena, sigue. Siempre puede darse que de año en año te lea alguien como yo o incluso mejor. Huele a talento, si no literario (que lo hay), por lo menos personal.